sábado, 17 de octubre de 2009

RESEÑA DE CAPÍTULOS

CAPÍTULO 1




Torre de Londres, 5 de enero de 1672.


Esta mañana hace un frío de mil demonios. No recuerdo otro invierno así. En la soledad del calabozo sólo se oye ulular el viento que penetra en ráfagas heladas por la claraboya agitando la llama del candil, a riesgo de apagarla a cada instante. Pero no debo quejarme: la débil lumbre y estas pocas cuartillas conseguidas después de sobornar a los guardias con mis últimos peniques, bastarán para asentar todo lo que quiero dejar anotado. Por otra parte es lo último que haré. Mi suerte ya está decidida. Anteayer, en brevísima audiencia, fui condenado a la pena capital, de manera que el próximo 17 de enero, en una ejecución pública, mi cuello penderá de una soga en el patíbulo de la Colina.

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CAPÍTULO 2




5 de enero – Cerca de la medianoche.



Me costó decidirme a encender la vela para escribir estas palabras, pero los recuerdos me hostigan y no puedo conciliar el sueño. Además, creo que debo hacerlo en homenaje a la memoria de quien me reveló todas las cosas que quedarán aquí asentadas.
Me refiero a Hardy Jamieson, mi compañero de celda durante estos últimos tiempos. Él llevaba algunos días de prisión cuando llegué aquí y de inmediato entablamos una fluida relación. Después de todo, nos aguardaban destinos idénticos.

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CAPÍTULO 3



6 de enero.


–¿Te sientes bien? ¿Me escuchas...?
Aquella voz me fue devolviendo a un ambiente confortable. Bajo la suave claridad matinal que iluminaba la recámara, Ateyah seguía meneándome el brazo con dulzura.
–Pero, ¿qué sucede contigo, Tar-Ek? ¿Es que no piensas ir hoy a tus tareas? En el alfar han de estar preguntándose qué te ha pasado. ¡Nunca te quedas durmiendo hasta tan tarde!
Mi esposa tenía razón. Recordé que algo insólito me había turbado durante la madrugada: un sueño inquietante, colmado de imágenes y sucesos extraños, en un espacio y un tiempo muy distintos al de la vida cotidiana.


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CAPÍTULO 4



7 de enero. Mediodía.



Hoy me ha costado un gran esfuerzo decidirme a escribir. Hay momentos en que no sé si lo hago solo para matar el paso interminable de las horas o acaso por algún mandato interior, un deber inconsciente que me impulsa a dejar una constancia de estas experiencias. Quizás otros puedan aprovecharlas en el futuro. Lo cierto es que esta mañana, cuando me desperté, tuve una sensación similar a la sufrida en mi primera incursión hacia el pasado: una mezcla de dolor, de miedo y pesadumbre. Aquella vez Hardy se mostró muy comprensivo. No me interrogó ni me forzó a contarle nada. Toleró mi silencio y mi estado de ánimo durante los dos días siguientes.

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CAPÍTULO 5



Amanecer del 8 de enero.




–Quiero volver allí –le dije en un rapto de excitación, mientras salía de las cavilaciones que me habían abstraído durante horas. Hardy me miró con gesto comprensivo, pero no contestó. Por el ventanuco se oían con toda claridad los martillazos y las voces de los albañiles que estaban trabajando en la ampliación de los talleres de armería y el nuevo depósito de municiones. No debían estar pasándola mucho mejor que nosotros. El frío calaba hasta los huesos.

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CAPÍTULO 6



9 de enero – Atardecer.


He estado toda la tarde recordando los primeros días aquí. Todavía se libra en mi mente un conflicto entre dos imágenes muy opuestas de la torre. Cuando cierro los ojos, las retinas me devuelven la mole de piedra majestuosa que solía contemplar en aquellos paseos desde la otra orilla del Támesis, siendo un joven soñador y optimista. En esa época fantaseaba con la idea de formar parte de las tropas reales –quizás de la caballería– y recibir adiestramiento dentro de esta fortaleza, a la que imaginaba como un ámbito glorioso, inalcanzable.


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CAPÍTULO 7



10 de enero. Mediodía.


Por encima de las dudas y temores, comprendí que me había involucrado en un proceso irreversible. La curiosidad era más fuerte que todo. Un par de días más tarde, cuando mi compañero de celda me lo propuso, me sometí a una nueva sesión.
Esta vez Hardy, con hábiles sugerencias, supo orientarme hacia otra época y otro escenario del pasado.

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CAPÍTULO 8



11 de enero. Madrugada.


Acabo de despertarme en mitad de una pesadilla. Como sé que no podré volver a dormir, prefiero continuar con estas notas. Pensándolo bien, más que un mal sueño, ha sido sólo un anticipo de lo que vendrá. Pocos días me quedan ya para ir a hacerle compañía a Hardy en el infierno. Soñé que mi compañero de celda regresaba a través de los lúgubres pasadizos de la muerte. Atravesó el muro como si fuera etéreo y se plantó frente a mí. Lo escuché decir: “¡Vamos, Nick! Te están esperando allí. Es tu hora; debo llevarte conmigo...!”

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CAPÍTULO 9



12 de enero.


Aunque todavía me perturbaba la vaga sospecha de que Hardy podía estar engañándome con sus habilidades hipnóticas –no descartaba que indujera las situaciones a través de maniobras imperceptibles para manipular mi imaginación a su antojo–, ciertos detalles de esas visiones no tenían una explicación lógica y me habían dejado totalmente perplejo. Sin embargo opté por disimular estas prevenciones; mostrarle recelo no serviría de nada.

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CAPÍTULO 10



13 de enero – Atardecer.


Cuando Hardy se franqueó conmigo de aquella manera con el relato de sus intimidades tuve la sensación de que él esperaba conocer, como contrapartida, la revelación de algunos datos referidos a mi vida privada. Sin embargo, se cuidó mucho de hacerme preguntas. Era evidente que percibía cierta reserva en mi trato y tal vez por ese motivo no quería forzar las circunstancias. Después de pensarlo mucho durante un par de días, al fin decidí narrarle todo, sin retaceos.

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CAPÍTULO 11



14 de enero.

Me desperté agitado y como sé que ya no volveré a dormir, me apresuro a reanudar estas notas. Estaba soñando con la última sesión que tuve con Hardy. Fue algo espantoso. No podía volver a la realidad. Según él mismo me contó más tarde, ese día me descompuse de una manera incontrolable. Creo que se asustó mucho al verme tan trastornado.

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CAPÍTULO 12



15 de enero.

Recuerdo que se escucharon los pasos de los bastoneros y pocos segundos después se abrió la puerta. Fue el 16 de diciembre, al despuntar la madrugada. Estaba helando. Por el tragaluz se filtraban los últimos resplandores lunares. La escasa luminosidad impedía ver el rostro de mi compañero. Apenas lograba distinguir los contornos de su cuerpo recostado sobre el catre.

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CAPÍTULO 13



16 de enero. Media mañana.


Falta apenas un día para mi ejecución y creo haber escrito hasta aquí casi todo lo que valía la pena contar antes de dejar este mundo. Sin embargo, será útil completar las anotaciones con una breve referencia al crimen que cometí. No porque busque justificarme, como ya lo he aclarado al principio. No pretendo parecer conformista (después de todo, nada podría hacer por evitarlo); simplemente estoy convencido de que es ley de la vida hacernos responsables de nuestros actos y pagar las consecuencias por los errores o las malas acciones perpetradas.

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CAPÍTULO 14



16 de enero. Atardecer.


Estoy como extraviado y la angustia me derriba sobre el catre, donde permanezco inmóvil durante largo tiempo. En la celda apenas iluminada por una vela titilante, las diferencias entre el día y la noche han ido perdiendo importancia. Es como flotar a la deriva en un plano indefinido, un océano oscuro y sin cielo, donde por momentos no es posible discernir la vigilia del sueño; si lo que está sucediendo ocurre hoy y aquí, o tal vez en otro tiempo y otro sitio.

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CAPÍTULO 15



17 de enero. Madrugada.

No he dormido en toda la noche. Varias veces tuve el impulso de encender el candil para seguir escribiendo, pero me faltó la voluntad necesaria y preferí permanecer acostado, en la oscuridad, rumiando mis pensamientos. No me queda nada por decir. Además, ya no tengo mucho tiempo: de un momento a otro vendrán a buscarme.

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CAPÍTULO 16



Buenos Aires, 22 de Julio de 2008.


Mi nombre es Elena Hinostroza. Tengo setenta y tres años. Soy la viuda del Reverendo Carmelo Ruiz Linares. Mi marido era pastor de la Iglesia Pentecostal Beatífica de América Latina.

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ACERCA DE ESTE PROYECTO

"VISIONES EN LA TORRE" es una novela corta (nouvelle) en dieciséis capítulos - A raíz de la excelente respuesta recibida por parte de los lectores, la obra acaba de ser publicada por la editorial Simurg (Buenos Aires, febrero 2010)

Dirección de contacto del autor:
carlos dante ferrari@gmail.com

Dirección de contacto editorial:
simurg@sion.com
www.edicionessimurg.com

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