CAPÍTULO 4
7 de enero - Mediodía
Hoy me costó un gran esfuerzo decidirme a escribir. Hay momentos en que no sé si lo hago sólo para matar el paso interminable de las horas o acaso por algún mandato interior, un deber inconsciente que me impulsa a dejar una constancia de estas experiencias. Quizás otros puedan aprovecharlas en el futuro. Lo cierto es que esta mañana, cuando me desperté, tuve una sensación similar a la sufrida en mi primera incursión hacia el pasado: una mezcla de dolor, de miedo y pesadumbre.
Aquella vez Hardy se mostró muy comprensivo. No hizo preguntas ni me forzó a contarle nada. Toleró mi silencio y mi estado de ánimo durante los dos días siguientes. Creo que sabía muy bien lo que iba a ocurrir: finalmente yo mismo decidí abordar el tema. Tenía muchas dudas. Quería saber si todo eso no era más que una ilusión inducido por la hipnosis, una catarsis onírica o una fabulación destinada a aliviar mis congojas, elaborada en parte con ideas o recuerdos inconscientes y tal vez enriquecida por la libertad de mi imaginación.
Había algo escalofriante en aquel delirio: además de no conocer Egipto, yo nunca había leído o escuchado nada acerca de esa civilización. Sin embargo, según él, en mis visiones aparecían varias referencias -Amenhotep III, el Templo, los Colosos, Tebas, el Nilo- que respondían a una realidad histórica.
Debo aclarar que soy un hombre de escasa cultura. En cuanto a mis conocimientos de cerámica, se deben a que trabajé durante unos años como modelador, tornero y diseñador en una fábrica de vajilla; pero nada sé sobre pueblos antiguos ni regiones remotas. ¿Qué explicación tenía entonces aquella experiencia tan insólita?
Hardy me habló por primera vez de cosas jamás oídas. Me reveló lo que él había aprendido acerca de las reencarnaciones y las vidas sucesivas. Sin entrar en mayores detalles me contó que tiempo atrás, luego de un hecho que había dejado profundas marcas en su conciencia, sintió la imperiosa necesidad de averiguar algo más acerca de los misterios de la vida y de la muerte. Según él, poco después de vivir ese episodio traumático, una insospechada combinación de circunstancias lo llevó a conocer en una fonda portuaria a un viejo irlandés, ex capitán de ultramar. El anciano era un místico al que todos tenían por loco. Hardy trabó de inmediato una estrecha relación con aquel individuo; por algún motivo encontraba en su personalidad magnética algo digno de ser aprovechado. Así, en largas conversaciones de trasnoche, el viejo le dio a conocer ciertas verdades ocultas y lo fue introduciendo en el conocimiento de una antigua teoría oriental acerca de la transmigración de las almas.
–Aunque te parezca descabellado, no es ésta la primera vez que tú y yo transitamos por el mundo, mi querido amigo –dijo al finalizar su relato–. Lo que sucede es que nos suele fallar la memoria.
Los comentarios de mi compañero de celda me perturbaron. No soy un creyente disciplinado, pero en mi hogar siempre se practicó la religión cristiana. Mis padres eran luteranos. Aquellas teorías de Hardy contravenían abiertamente los postulados de la fe que me habían sido inculcados desde la niñez.
Si bien no estaba dispuesto a aceptar una doctrina absurda, preferí guardar silencio. Sentía respeto y hasta cierto afecto por ese hombre que me trataba de un modo casi paternal. Éramos compañeros en la desgracia; él también tenía sus horas contadas. ¿Qué mal podía causarme escucharlo? ¿Qué sentido tendría contradecirlo? Después de todo, seguía yo siendo el dueño de mis propias convicciones.
¿Convicciones? Es un decir; hoy ya no hallo casi nada fiable a lo que pueda aferrarme. Hubo una etapa feliz (no muy lejana en el tiempo, aunque sí irrecuperable) en que tenía confianza en la vida: proyectos, creencias, una existencia organizada. Amaba y era amado, tenía un trabajo y una familia. Y todo eso se esfumó de una manera atroz, inesperada...
Debería seguir escribiendo; el tiempo urge, pero no tengo fuerzas para continuar por ahora. Tal vez más tarde recobre el ímpetu. Los recuerdos me desgarran el corazón y vencen mi voluntad. Solamente estoy deseando que llegue el día señalado.
Mi alma necesita encontrar la paz. Una paz final y duradera.
Hoy me costó un gran esfuerzo decidirme a escribir. Hay momentos en que no sé si lo hago sólo para matar el paso interminable de las horas o acaso por algún mandato interior, un deber inconsciente que me impulsa a dejar una constancia de estas experiencias. Quizás otros puedan aprovecharlas en el futuro. Lo cierto es que esta mañana, cuando me desperté, tuve una sensación similar a la sufrida en mi primera incursión hacia el pasado: una mezcla de dolor, de miedo y pesadumbre.
Aquella vez Hardy se mostró muy comprensivo. No hizo preguntas ni me forzó a contarle nada. Toleró mi silencio y mi estado de ánimo durante los dos días siguientes. Creo que sabía muy bien lo que iba a ocurrir: finalmente yo mismo decidí abordar el tema. Tenía muchas dudas. Quería saber si todo eso no era más que una ilusión inducido por la hipnosis, una catarsis onírica o una fabulación destinada a aliviar mis congojas, elaborada en parte con ideas o recuerdos inconscientes y tal vez enriquecida por la libertad de mi imaginación.
Había algo escalofriante en aquel delirio: además de no conocer Egipto, yo nunca había leído o escuchado nada acerca de esa civilización. Sin embargo, según él, en mis visiones aparecían varias referencias -Amenhotep III, el Templo, los Colosos, Tebas, el Nilo- que respondían a una realidad histórica.
Debo aclarar que soy un hombre de escasa cultura. En cuanto a mis conocimientos de cerámica, se deben a que trabajé durante unos años como modelador, tornero y diseñador en una fábrica de vajilla; pero nada sé sobre pueblos antiguos ni regiones remotas. ¿Qué explicación tenía entonces aquella experiencia tan insólita?
Hardy me habló por primera vez de cosas jamás oídas. Me reveló lo que él había aprendido acerca de las reencarnaciones y las vidas sucesivas. Sin entrar en mayores detalles me contó que tiempo atrás, luego de un hecho que había dejado profundas marcas en su conciencia, sintió la imperiosa necesidad de averiguar algo más acerca de los misterios de la vida y de la muerte. Según él, poco después de vivir ese episodio traumático, una insospechada combinación de circunstancias lo llevó a conocer en una fonda portuaria a un viejo irlandés, ex capitán de ultramar. El anciano era un místico al que todos tenían por loco. Hardy trabó de inmediato una estrecha relación con aquel individuo; por algún motivo encontraba en su personalidad magnética algo digno de ser aprovechado. Así, en largas conversaciones de trasnoche, el viejo le dio a conocer ciertas verdades ocultas y lo fue introduciendo en el conocimiento de una antigua teoría oriental acerca de la transmigración de las almas.
–Aunque te parezca descabellado, no es ésta la primera vez que tú y yo transitamos por el mundo, mi querido amigo –dijo al finalizar su relato–. Lo que sucede es que nos suele fallar la memoria.
Los comentarios de mi compañero de celda me perturbaron. No soy un creyente disciplinado, pero en mi hogar siempre se practicó la religión cristiana. Mis padres eran luteranos. Aquellas teorías de Hardy contravenían abiertamente los postulados de la fe que me habían sido inculcados desde la niñez.
Si bien no estaba dispuesto a aceptar una doctrina absurda, preferí guardar silencio. Sentía respeto y hasta cierto afecto por ese hombre que me trataba de un modo casi paternal. Éramos compañeros en la desgracia; él también tenía sus horas contadas. ¿Qué mal podía causarme escucharlo? ¿Qué sentido tendría contradecirlo? Después de todo, seguía yo siendo el dueño de mis propias convicciones.
¿Convicciones? Es un decir; hoy ya no hallo casi nada fiable a lo que pueda aferrarme. Hubo una etapa feliz (no muy lejana en el tiempo, aunque sí irrecuperable) en que tenía confianza en la vida: proyectos, creencias, una existencia organizada. Amaba y era amado, tenía un trabajo y una familia. Y todo eso se esfumó de una manera atroz, inesperada...
Debería seguir escribiendo; el tiempo urge, pero no tengo fuerzas para continuar por ahora. Tal vez más tarde recobre el ímpetu. Los recuerdos me desgarran el corazón y vencen mi voluntad. Solamente estoy deseando que llegue el día señalado.
Mi alma necesita encontrar la paz. Una paz final y duradera.
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12 comentarios:
Hi cstlos dante, how are you doing? I mostly wanted to congratulate you about the advances you did in your book and that you do not chicken out about that,I did chicken out myself lots of time, that is why I am leading each time a more robot like life.
bye bye
h
Hi, Mariana! Chicken out, me? Never, trust me! Always on the road and walking forwards! Nice to see you again. Let´s keep in touch.
Nosotros sus lectores, al igual que el protagonista, estamos deseando que llegue el día señalado, es decir cada lunes para tener la posibilidad de deleitarnos con su obra. Pero creo que es Ud - y no Nicholas- el que no tiene ganas de seguir escribiendo! Nos Corta en lo mejor!!! Ych a fi! ¡Gadewech i ni fynd! Igualmente lo vuelvo a Felicitar!!!! Se lo merece!! Diolch!!
¡Gracias, Rosanna! Lo mejor todavía no llegó, créame. Es cuestión de tener paciencia. Abrazo.
Me encanta la idea de la novela on line por varias cosas:
1- Escuchar la voz del autor principalemente (leer un libro desde la PC no resula ser algo agradable) No me libro de las costumbres ordinarias como poder ojearlo y sin embargo me has atrapado.
2- La espera realza el sabor de cada nuevo capítulo, a cuenta gotas.
3- Porque le da al autor un nuevo camino, al menos, alternativo para la difusión de la obra.
4- Y finalmente, Porque amo la literatura en todas sus formas-
5- Porque puedo suponer que no la has terminado y que nuestros ingredientes puedan ayudar a darle el toque final a la misma
Katrina, coincido con vos: leer en pantalla no es lo mismo que sostener el libro frente a nuestra vista, apropiarse de su corporeidad, palpar y recorrer sus páginas... Este proyecto es una búsqueda para llegar a ese destino, y sólo se completará para mí el día en que pueda verlo realizado en el formato tradicional. También comparto todo lo que decís sobre esta experiencia, para mí novedosa y profundamente enriquecedora. Gracias por la visita. ¡No te pierdas!
Resumiré en una palabra mi impresión sobre Visiones en la Torre: A-tra-pan-te!
¡Que sean dos capítulos por semana, no me banco esperar tanto tiempo para el proximo!!!!!
Ya lo leí!
Gracias
Luned
Olga, Luned, ¡gracias por acompañar el proyecto!
Talita: si te hago caso, se terminará muy pronto, ¿y después qué? ¡Tiempo al tiempo! (:-)
ME ENCANTA LA IDEA DE ESTE TRABAJO LITERARIO POR CAPITULOS; ADELANTE Y EXITOS!!
¡Gracias, Graciela! Mañana estará disponible el quinto capítulo. Espero que sea de tu agrado.
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